Entiendo que hablar de coaching puede generar cierta animadversión. Me suele pasar a menudo. Como en todas las formaciones "no tradicionales" hay muchos formatos y metodologías variadas, y la palabra "coaching" se utiliza bastante indistintamente para varios ámbitos y capacitaciones. Es importante dejar bien claro, que nos somos psicólogos y que un coach no trabaja con patologías ni adicciones.
Dicho esto, me permito explicar dónde me formé y con qué enfoque.
Estudié Coaching Ontológico en Buenos Aires (¡un lujo con el trabajo psicoanalítico que tienen de base!) del 2018 al 2020 en una muy buena escuela (GROW Consultora) (2). La mirada ontológica (el estudio del ser en su completitud) proviene de la escuela de Chile en la que, profesionales de diferentes disciplinas, recuperaron y desarrollaron la filosofía ontológica del lenguaje.
El coaching ontológico se basa en que los seres humanos somos seres lingüísticos, es decir, nos desarrollamos y creamos nuestras realidades a través del lenguaje. Por tanto, es a través del lenguaje que podremos moldear nuestro discurso y abrirnos a nuevas posibilidades propiciando una transformación del observador que somos.
El aspecto más importante del coaching ontológico es que le permite al coachee (consultante) observarse a sí mismo como Persona (3), reconocer la estrechez y las limitaciones discursivas y expandirla más allá de sus fronteras ofreciéndole otras posibilidades que no podía ver.
Toda conversación se inicia por alguna inquietud o quiebre que el coachee no sabe encarar y que requiere de la mirada ajena de un coach para destrabar. El coach no aconseja, acompaña a la auto-observación profunda del coachee para que éste pueda registrar lo que le está limitando y trascenderlo.
Tener una conversación de coaching es abrirse a un espacio de reflexión personal en el que, a través de preguntas, revisamos nuestras creencias, nuestra mirada al mundo y diseñamos acciones acorde a nuestra transformación.
A partir de aquí, el proceso se va definiendo según necesidades mientras nos adentramos en el lenguaje, el cuerpo y las emociones. La sintonía entre estos tres dominios es la clave sentirnos en coherencia.
Los procesos suelen ser relativamente cortos, de unas 4 o 6 sesiones. Suele pasar que al encarar un tema puntual, se abran otros melones y el proceso se alargue más. No suele ser necesario abordarlos todos, sin embargo, a su debido ritmo se pueden desarrollar procesos transformadores y muy potentes.
La frecuencia y duración dependerán de las ganas de trascender del coachee y de mi competencia para con él o ella. Lo que sí está claro es que desde el coaching no se pretenden hacer procesos largos ni crear dependencia, ya que el potencial accionador es del propio consultante.